viernes, 26 de octubre de 2012
Ángel I (Australia).
Él sabía que no iba a ser fácil, pero nunca ha sido de esos que dejan algo a medias... Ángel era una contradicción en sí mismo, más que contradicción era algo que definiría yo como un opusible, lleno de opuestos posibles... Siempre le encantó lo imposible, pero siempre acababa renunciando, no le gustaban las cosas vacías, simples y estúpidas, y se pasaba noches enteras pensando en lo vanal y simple hecho carne... Siempre pensó que querría a aquella que le quisiera y ahora sabe que no puede elegir...
Él sabía que tenía dos tipos de sueños, los sueños sueños, aquellos que se comparten en noches de Ron barato con algo de naranja, los sueños sueños son los que te avergüenza decir porque sabes que no se cumplirán... A su edad ya sabía que no llenaría el Sant Jordi, ni grabaría un cd en Miami, lo sabía, pero fantaseaba con ello... Los sueños sueños son más bien fantasías... Los sueños a secas son aquellos que los sueltas con un café de por medio... Los sueños simples consisten básicamente en la respuesta a la pregunta "¿Dónde te ves de aquí a 10 años?" Esos sueños, vacíos a la vez que reconfortantes te hacen ver que la realidad es más agradable de lo que en verdad es... Él sabía donde quería verse y luchaba por ello...
Ángel tenía una debilidad, una que sobresalía por encima del resto, su debilidad era Australia, ni Sidney, ni australia en minúscula... Australia como tierra prometida, Australia como ella, Australia llena de desierto pero que le enamoró por el Opera Hall... La Australia vanal que le enamoró al ver algo que nadie había visto, al ver la belleza en el desierto... La misma Australia que decidió irse, aunque él sigue pensando si alguna vez Australia, su Australia existió...
Ángel seguía pensando en el desierto, no puede parar de hacerlo, y sabe que hay lunas que brillan más, lunas que existen, lunas que le abrazarían cada noche, capaces de hacer que el sol no vuelva a salir... Pero Él no quiere otras lunas, quiere la luna de Australia, la luna que le dio la vida, quiere su luna...
Y pasan los meses y sigue intentando ver otras lunas, ver Berlín, Roma, París e incluso Nueva York... Pero no, Él sabe que eso no es suficiente... Sigue queriendo ir a Australia, hasta que un día decida renunciar, aunque sabe que si algún día se digna en llamar a la puerta, nunca se la cerraría... Australia es naranja y es tres, y eso es lo único que importa...
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