Miro el reloj, menos diez, he llegado pronto, como era de esperar, te espero en la puerta del café, no puedo evitar encenderme otro cigarro, la ceniza se consume más rápido que el tiempo, intento entretener mi mente con cualquier tontería, pero no puedo, no puedo sacarte de mi cabeza...
Te veo llegar al final de la calle, me tiemblan las piernas, tiro la colilla y sonrío, me ves y sonríes... Comienzo a andar hacia ti, me entra frío, calor, mil sensaciones a la vez, me saludas con un tibio hola y dos besos... Titubeo pero te ofrezco asiento en la terraza, nos miramos y nos reímos, sin decir nada, pasa el camarero -gracias a Dios-, pedimos dos cafés, aunque lo que deberíamos haber pedido era un poco de valentía...
Llegan los cafés y como por arte de magia comienzan a surgir las palabras, nos abrimos, me explicas tu pasado, tu presente y lo que esperas del futuro, guardando para ti todas esas cosas que no se deben contar en una primera no cita; yo hago lo mismo, presente, pasado y futuro en menos de diez minutos, intento venderte mi alma, por si tú, algún día, decides comprarla. Pasan los minutos entre risas, sorbos de café y cigarros.
El tiempo vuela y toca despedirse, llamo al camarero y pago, intentas pagar tu parte, pero no te dejo, sonríes, el camarero trae el cambio, lo guardo en el bolsillo sin mirar y me levanto, tú haces lo mismo, nos miramos y comenzamos a andar, la temperatura ha bajado, paso mi brazo por tu cuello y te arropo, me agarras por la cintura, te acompaño hasta tu casa, llegamos al portal, nos separamos, nos miramos y nos besamos...
Nos quedamos frente con frente, mirándonos, pensando en lo que acababa de suceder y comenzamos a reír, echamos un paso atrás, nos cogemos las manos, sacas del bolso las llaves, me miras y me dices que luego hablaremos, que te haga una perdida al llegar a casa, asiento y me vuelvo a acercar, te beso, un beso limpio, puro sin maldad ni pasión, un beso de amor, me doy la vuelta y me voy, me giro y estás ahí, con la puerta entreabierta, mirándome, te guiño el ojo, sonrío y me pierdo en la calle, con las manos en los bolsillos, los ojos iluminados y una sonrisa de oreja a oreja.
Llego a casa, me siento en el sofá, me estiro y sigo pensando en ti, has reactivado mi mundo, mi ilusión, mi vida, no puedo estarte más agradecido, eres todo lo que he estado buscando, no sé a dónde llegará, ni sí estás igual que yo, sólo sé que ha merecido la pena todo lo que he sufrido por este día, gracias...
